Sin lugar a dudas, una de nuestras temporadas favoritas es el verano, tiempo de disfrutar de unas merecidas vacaciones, relajarnos y aprovechar para asolearnos y agarrar un tono de piel increíble. Con el traje de baño preparado, el bronceador en la mano y la mejor actitud nos disponemos a disfrutar de unas de las semanas más esperadas del año, pero si eres de las que se olvida de sus rutinas de cuidados diarios, toma nota porque un verano de ensueño podría convertirse en la peor pesadilla para tu cutis.

Sabemos que el verano puede ser la única oportunidad que tengamos en el año para olvidarnos de la rutina y consentirnos, pasar un buen rato en compañía de nuestra familia y amigos, alejarnos del estrés de la vida cotidiana y relajarnos. Ya sea que salgamos de vacaciones o nos quedemos en casa, resulta común que nos olvidemos de algunas cosas de suma importancia para nuestra salud, como darle los cuidados necesarios a nuestra piel. Esto se puede deber a falta de tiempo, por simple relajación o bien, porque por el lugar en el que nos encontramos no contamos con los medios necesarios para poder hacerlo, sin embargo, al final del verano podremos arrepentirnos de haber pasado por alto las rutinas de limpieza e hidratación (por ejemplo con el uso de  cremas), principalmente en nuestro rostro.

Aunque las vacaciones se traten precisamente de relajarse y disfrutar, te recomendamos que no te olvides de hacerte una limpieza facial por las noches y de humectar tu piel, así como aplicar bloqueador solar antes de salir por las mañanas o tardes para reducir los daños que pueda ocasionar la exposición a los agentes ambientales, principalmente el sol, en tu piel. Recuerda que la exposición prolongada al sol, además de ocasionar quemaduras, puede generar ciertos desequilibrios en la producción de sebo en la piel y favorecer la aparición de resequedad y agrietamiento o bien, los brotes de acné y aparición de manchas, por lo que debes tener algunas precauciones especiales.

El uso de bloqueador solar, en caso de que desees broncearte, podría parecer un obstáculo para lograr tu objetivo, sin embargo, siempre se recomienda utilizar cremas, bloqueadores o un producto bronceador con un factor de protección solar de al menos 15 para reducir los efectos de la radiación ultravioleta en la piel, que como es bien sabido, es una de las principales causantes de cáncer. Estos productos se deben aplicar al menos 20 minutos antes de exponerte al sol y se tienen que volver a aplicar cada 2 horas. Recuerda usar un producto con fórmula resistente al agua si tienes planeado ir a nadar a la playa o a una alberca.

Después de tomar el sol lo ideal es que limpies tu piel y apliques un producto after sun, que contrario a lo que se piensa comúnmente, no son exclusivos para utilizarlos cuando ya se han producido quemaduras en la piel. Las cremas y geles after sun los puedes encontrar con fórmulas especiales para cada tipo de piel y se recomienda que apliques el producto uniformemente sobre tu piel para obtener el efecto de hidratación inmediata que te dará alivio y le devolverá la elasticidad y equilibrio de agua que necesita tu piel para mantenerse sana y radiante.

Si no proteges tu piel correctamente, la exposición al sol daña sus fibras de colágeno y elastina, un daño que resulta más grave en las pieles de tonos claros. Afortunadamente, no todo resulta inconveniente ya que, por ejemplo, si presentas una piel grasa con propensión al acné, los brotes de barritos y espinillas pueden disminuir gracias a que el sol actúa como antiséptico y seca la piel, sin embargo, al regresar a la rutina el efecto se revierte, por lo que resulta necesario seguir una rutina de cuidados para reducir los daños.

Los cuidados e higiene durante el verano son fundamentales y una vez terminada la temporada, en lugar de regresar a tu rutina de cuidados cotidiana te recomendamos que apliques algunas modificaciones que te ayudarán a mitigar los daños en tu piel ocasionados por el sol. Lo primero que te aconsejamos es que apliques un tratamiento exfoliante para afinar los poros y mejorar el brillo de tu piel, para reducir las manchas y estimular la producción de colágeno con lo que evitarás la formación de arrugas. Con la exfoliación limpiamos la piel a profundidad y al eliminar las células muertas mejoramos la oxigenación, lo que a su vez contribuye a la formación de nuevas células, colágeno y favorece la captación de agua, por lo que la piel tiene una mejor hidratación y podrá recibir mejor cualquier otro tratamiento que le apliquemos.

Además de exfoliar tu piel te recomendamos que uses mascarillas para nutrir y reparar a profundidad. Las mascarillas pueden ser faciales, corporales, para manos, pies o para el pelo y lo ideal es que elijas las que tienen aceites nutritivos y minerales y vayan de acuerdo con tu tipo de piel y el tipo de daño por el sol que haya sufrido. Después de retirar la mascarilla, hidrata a profundidad, con ello, además de devolverle la elasticidad a tu piel y nutrirla podrás conservar tu bronceado durante más tiempo.

En caso de que hayas sufrido quemaduras o si después de que el bronceado se ha desvanecido tu piel presenta manchas, es necesario que acudas a consulta médica para que un especialista te recomiende un tratamiento adecuado que puede incluir la aplicación de productos, tratamientos láser o electroterapias, entre otros. De igual manera, si sientes molestias o detectas alguna cosa extraña, por ejemplo, la aparición de lunares, visita de inmediato a un dermatólogo para que te dé el tratamiento que necesitas.

Próximamente te daremos algunos consejos para elegir exfoliantes, cremas y mascarillas y te hablaremos de los cuidados específicos que debes tener con tu cabello para reducir los daños ocasionados por el sol, el viento y el agua durante el verano.